Independiente perdió 1-0 contra Platense por la cuarta fecha del Torneo Clausura 2026 y registró su segundo caída al hilo.
Es un auto que no tiene primera ni quinta. Así podría describirse al Rojo de Gustavo Quinteros. Lento pero a la vez atolondrado. Previsible y también desfachatado. Un equipo que cuenta tanto con la electricidad y voluntad de Santiago Montiel, como con el desparpajo cuasi sobrador de Kevin Lomónaco. Y en ese desorden, resulta difícil encontrar una regularidad en una liga tan pareja para mal.
Porque el Rey de Copas sabía qué iba a encontrarse del otro lado, aún con estreno de entrenador de por medio. El Calamar iba a apostar a recuperar en la mitad de la cancha y atacar sin demasiada elaboración. Sin embargo, fueron a conta gotas las jugadas con dinámica y fluidez que pudo construir Independiente. Eso sí, una de ellas fue gol: a los 14 minutos del primer tiempo, Gabriel Ávalos definía tras el pase de Matías Abaldo pero justamente era el uruguayo quien estaba “legítimamente” adelantado.
La sintonía siguió en el complemento. El Rojo no sabía cómo entrarle a la visita pero el rival apenas amenazaba con algún que otro tiro desviado. Hasta que fue el propio Independiente el que le entregó la ventaja a Platense. A los 64′, Rodrigo Rey pasó extremadamente mal la pelota a Facundo Zabala, que perdió la dividida y Guido Mainero definió por arriba del arquero, protagonista fundamental para explicar la derrota de la noche.
A partir de ahí, la búsqueda pasó por centros a la olla sin un propósito claro y un par de desbordes que no llegaron a nada. Incluso de contragolpe, con horrores conceptuales de Juan Fedorco, Lomónaco y Rey, el Marrón estuvo más cerca del 2-0 que el Rojo del 1-1. Y así dejó pasar una gran oportunidad para retomar el camino del triunfo. Y así llega golpeado al miércoles contra Atlético Tucumán por la Copa Argentina. Solito se complicó un semestre que parecía comenzar derecho, por lo que, en Rosario, se encuentra obligado a pasar de ronda.


