Paulo Rosales pasó esta mañana por Villa Domínico, habló con Américo Gallego, tomó sus pertenencias y se fue de Independiente. El entrenador está muy enojado.
Entre la dilatación del segundo refuerzo, el mal rendimiento ante Boca y la noticia del día, Gallego explota de bronca. Esta mañana, el ex Unión le comunicó al técnico que su intención era irse al Bahía de Brasil y se despidió de sus compañeros. El enganche se había ido enojado de la sede el martes, cuando estaba estipulada la rescisión del contrato.
Gallego había pedido explícitamente que retengan a Rosales por si algo le pasa a Daniel Montenegro en el campeonato. Además, sabían que en 20 partidos iba a tener su oportunidad, pero el jugador y la dirigencia optaron por la salida del club.



