Le quiero hablar como hincha y como socio. Y sobre todo por el bien de Independiente. Porque por más dura que haya sido la derrota con Racing, el sábado la gente fue clara con su veredicto: aplaudió al equipo y pidió votar. Pidió votar porque se cansó, Señor Presidente.
Se cansó del maltrato, de la desidia, de las promesas incumplidas, de la soberbia, del ninguneo, de que no nos representen. Nos cansamos de que el nombre Independiente, que nuestros abuelos y nuestros viejos nos contaron que se forjó a base de hazañas y grandes gestiones, hoy sea el principal exponente de irregularidades constantes. Basta, Señor Presidente, por favor. Ya no somos cuatro gansos. Nos cansamos de verdad.
Nos cansamos de que nos tomen por pelotudos todo el tiempo. De que cuando pedimos explicaciones nos respondan mirándonos por encima del hombro y con el mismo relato berreta: “¿vos no te acordás de dónde venimos?”. Lo sabemos, quédese tranquilo. Le agradecemos, téngalo en cuenta. Pero así como reconozco una buena primera gestión, no puedo negar los múltiples descalabros de la segunda. Y como dijo Juan Domingo Perón, su referente: “La única verdad es la realidad”.
Independiente se cae a pedazos. Está en una situación crítica, supongo que usted debe saber, Señor Presidente. El mundo ya lo sabe. Hasta los grandes medios se hacen un espacio entre tanto Boca y River. Eso logró, ¿se dio cuenta? Ya no habrá voz del estadio que tape el clamor popular. Ni tampoco “grupito de choque” en la popular que nos calle. No le va a alcanzar. Y me importa un huevo que me vuelvan a negar acreditaciones por pensar diferente. Quiero votar por el bien de mi club. Denos la posibilidad a nosotros, los socios, de elegir el rumbo. Los mismos que lo elegimos a usted hace ocho años y volvimos a depositar nuestro voto de confianza hace cinco.
Ya hubo tiempo suficiente para intentar arreglar los asuntos pendientes. No se pudo, no quisieron, no lo sé. Pero Independiente me importa, más de lo que se imagina. Como a mucha gente. Es hora de darle paso a la democracia. El escudo está por encima de todo y atrás hay demasiada gente como para querer ignorarla. Escúchela porque todos pedimos lo mismo: ¡queremos votar, Señor Presidente!


