En un muy flojo partido, Independiente le ganó 1-0 a Defensa y Justicia y se metió en los cuartos de final de la Copa Argentina por primera vez en la historia. Gastón Silva marcó el gol del triunfo en Quilmes.
El equipo de Sebastián Beccacece ganó literalmente sin patear al arco. Metió la única que tuvo en todo el partido, y de la manera menos pensada: de pelota parada. Fue a los 48 minutos del primer tiempo, cuando tras un tiro libre de Domingo Blanco, Silva la peinó para poner el 1-0 que sería definitivo. Eso es todo lo que hizo el Rojo en el partido.
Los once titulares fueron los mismos que habían ganado en Tucumán, pero el funcionamiento fue pésimo de principio a fin. El equipo no logró conectar tres pases seguidos, no atacó, defendió mal y sufrió ante la presión de un Halcón que tampoco brilló. La pronta salida de Alan Franco a los 21′ por una molestia lumbar motivó al DT a desarmar la defensa, correr a Silva como central, retrasar a Juan Sánchez Miño y a Domingo Blanco, y apostar por el pibe Alan Velasco como carta ofensiva.
De milagro Independiente no recibió un gol en la primera mitad, ya que un grosero error de Martín Campaña casi pone en ventaja a Defensa. El arquero le regaló la pelota a Nicolás Fernández y se reivindicó tapando el mano a mano. Después de esa acción llegaría el gol de Independiente, en la única acción de riesgo.
Para el complemento, Beccacece intentó darle movilidad al ataque con el ingreso de Martín Benítez, en reemplazo de Carlos Benavídez. Pero el trámite no cambió. La movilidad siguió siendo nula, el equipo no cruzó la mitad de la cancha, no generó peligro y se dedicó a revolear cada pelota que tenía en su área. Ni siquiera la expulsión de Uvita Fernández a los 31′ le permitió crecer. El resultado no se modificó por la imprecisión de Alexis Castro, Ignacio Aliseda y Fernando Márquez, quienes no estuvieron finos para definir.
Con mucha vergüenza y dejando mucho que desear, el Rojo se aferró al triunfo y pasó de ronda. La gente, muy disconforme, despidió al equipo con silbidos. Siempre es mejor trabajar con la tranquilidad del triunfo, pero está claro que hay muchísimo para mejorar. Por ahora, lo único que se ve es una involución constante en el juego, y la propuesta no invita a ilusionarse.


